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Muchos de los consumidores de pornografía infantil en Internet consideran que no causan ningún mal porque, cuando ellos acceden a estas páginas, el daño ya está hecho. Sin embargo, es preciso incidir en que existe una oferta porque hay una demanda, y los niños y niñas que vemos en la red están siendo explotados sexualmente. Aunque en el caso de Internet no exista un contacto físico.

Se calcula que dos millones de menores son explotados sexualmente en el mundo. Los principales focos son el sudeste asiático y América Latina.

Generalmente, son varios los factores que llevan a que un menor termine siendo víctima del comercio sexual. La pobreza, la desigualdad y los problemas relacionados con las deudas contraídas por los padres siguen siendo las principales causas, aunque no las únicas.

También hay situaciones en las que la víctima es engañada bajo falsas promesas de empleo o es secuestrada por mafias que se dedican al tráfico sexual infantil.

El cambio de valores y actitudes que se está imponiendo -la globalización y el consumismo- ha originado que haya menores que vendan su cuerpo a cambio de artículos de consumo como camisetas, zapatillas de deporte, aparatos electrónicos... La posesión, el tener, se ha convertido en uno de los valores más importantes. El sexo se ve como una forma de libertad, que permite acceder a todas esas comodidades materialistas.

Una vez introducido en el mercado del sexo, el menor tiene cada vez mayores problemas para encontrar fuentes de ingreso alternativas, ya que la falta de formación y el estigma social que implica haber trabajado en el comercio sexual suponen grandes obstáculos para reinsertarse en la sociedad con un trabajo digno.

Conoce el trabajo de ANESVAD contra la explotación sexual infantil.